Para Muestra un barrio

Que la edad no es nada es algo que se dice fácil, pero no lo es tanto si se piensa en las gentes que habitan los tiempos, sean cortos o largos. La Muestra cumple 15 años en un barrio con siglos de historia, por el que pasan gentes por décadas, lustros, años o minutos. Habitar Lavapiés nunca fue fácil, esa es precisamente la virtud sobre la que nos mantenemos.

El cine visto desde aquí nos ha llevado a miles de rincones desde butacas de bar, patios, corralas y/o calles. Hemos reído y llorado, saltado y besado. La Muestra cree en los cuidados como alimento colectivo desde el que construirse. Para dentro y para fuera, o así debería ser porque somos Muestra feminista. Al menos esa es la idea, otra cosa es que sepamos llevarlo adelante, pero ese impulso es movimiento y hacia allí avanzamos.

Teoría y práctica autónoma, desde el barrio para el barrio. Ese que nos quieren cambiar a golpe de gentrifugado, con hoteles y anuncios de hamburguesería low cost o chic modernos.

Incierto panorama, futuro chungo. En esa atmósfera el cine también está implicado, en la denuncia y la proyección. No es tan fácil suspender las películas colectivas.

En ese trayecto de flujos, también corporales, nos van dejando personas sin las cuáles no habríamos sido, sin las cuáles no somos. Hace poco nos han dejado cuatro que nos han desgarrado un poco más ese corazón de cicatrices sobre el que avanzamos: Juanma en bicicleta y con sus cervezas en un mercado cada día menos reconocible y por donde también caminaban con su propio paso las estupendas Marisa y Carmen. También Mariano, sonriente, ecologista, amigo leído, afecto permanente. En esa diáspora de la vida las gentes que queríamos, las gentes que hacían vida, se van, pero se quedan para siempre.

La Muestra cumple 15 años y en esa edad la vida no se entiende sin todas las que hicieron posible nuestro tiempo. Desde dentro del barrio y sus entrañas, hasta siempre en la memoria y en las prácticas.